Introducción

Emezé a escalar con mis amigos de la infancia en 1990, en la roca que había junto a mi casa, en Pirineos. Teníamos entre 6 y 7 años y no sabíamos nada de escalada. Nos atamos una cuerda en la cintura y en la cima nos comimos unas avellanas. Allí empezó todo.

En 1996 mis padres asumieron que no podían hacer nada para evitar que su hijo fuera un apasionado de subir montañas, así que me apuntaron a un curso de iniciación a la escalada para que, por lo menos, aprendiera a hacerlo con seguridad.

En 1998 descubrí Sant Benet (Montserrat) y su comunidad de escaladores, donde aprendí las “reglas del juego”. Entrené a mi manera para poder escalar vías de varios largos como la “Kung Fu“ de la Momia o la “Totxaires” en Mont-Rebei y también escalé varias vías en el Dru, montaña que me enamoró durante mucho tiempo. Mis referentes eran Josep Maria Alsina, Beat Kammerlander y los hermanos Huber, escaladores emblemáticos de la época.

Pero un día entré en crisis. El descubrimiento de los inicios se convirtió en monotonía y la aventura que siempre había buscado se esfumó. Me di cuenta que la evolución de la escalada se centraba casi exclusivamente en el grado y que el 95% de las rutas eran muy previsibles: cuanto mas complicada era una sección más seguros te encontrabas y el único aliciente que quedaba era entrenar mucho para encadenar movimientos difíciles. Pero a mi esto cada vez me motivaba menos y echaba en falta el placer de lo incierto.

Bastante confuso con todo, pues había dedicado toda mi vida a una pasión que ya no me enriquecía tanto, en 2006 me propusieron participar en un encuentro internacional de escaladores que se celebraba al norte de Gales, donde sólo se practicaba la escalada tradicional de forma estricta. Allí conocí a personajes interesantes, aprendí un montón de cosas y me enseñaron a relacionarme con las rocas de una forma muy diferente.

Volví muy motivado y coincidí con Jordi Esteve, que también se interesó apasionadamente por la escalda tradicional. Formamos un buen equipo y perfeccionamos nuestras habilidades abriendo varias vías en Montserrat y en Pirineos, aunque casi siempre sobre muros de poca altura y dejando aparcada la escalada en gran pared, no porque no nos gustara, sino porque estábamos en fase de reaprendizaje y queríamos a empezar poco a poco.

El momento de la gran pared llegó en 2015. Nos fuimos al norte Noruega y abrimos varias vías en Moskenesøya, zona con un gran potencial para la escalada tradicional de envergadura. Volvimos al mismo sitio en 2016, en 2017 y en 2019 perfeccionando cada vez mas toda la logística y utilizando un equipo cada vez más minimalista para escalar paredes cada vez más comprometidas y alejadas de la civilización.

¿Y porqué te cuento todo esto? Bien, creo que durante estos años he aprendido cosas interesantes y ahora siento la necesidad de compartir algunos conocimientos para que los demás lo puedan aprovechar o tomar inspiración para sus propias aventuras.

Pero atención, también quiero advertir que todo el contenido que vas a encontrar en este sitio está basado en un punto de vista y unas experiencias personales. Con esto quiero decir que puedo estar equivocado o que el contenido que encuentres no sea útil para tus necesidades. Debes ser crítico, contrastar la información y tomar tu propio camino.

Qulusuq. Y este nombre tan raro? Es un lugar remoto de la tierra, lejos de la domesticación humana.

¡Un saludo y buenas escaladas!

Gerber Cucurell